Mi metodología
Es importante poder establecer un primer contacto por teléfono de manera gratuita para valorar la comodidad del paciente, además de asegurarme de que voy a tener la capacidad de poder ayudarle.
Por otro lado, realizo una evaluación previa independientemente del problema o la demanda de consulta, para hacerme una idea completa de la persona y realizar un tratamiento adecuado.
No estás solo/a, pide ayuda
A lo largo de la carrera profesional, he ido desarrollando mi propia visión, siempre de la mano de los pacientes, a la hora de afrontar algunas de las patologías más habituales. ¿Quieres conocer como las trabajo? Selecciona haciendo click la que más te interese conocer.
Depresión

La queja de la persona depresiva “nada es posible”, solo puede ocurrir en una sociedad que piensa que “nada es imposible” Byung Chul Han.
Esta frase hace referencia a cómo el positivismo mal llevado y la productividad como bandera de lo social ha llevado al ser humano a sumirse en una de las frustraciones más profundas, el nada es posible, la depresión.
Más allá de filosofías, la depresión es una de las patologías mentales más extendidas actualmente. Se caracteriza por una sensación de fatiga constante, una disminución considerable de interés o placer por las cosas, sentimiento de inutilidad o culpa, dificultad para dormir o disminución de la capacidad para pensar. Por otro lado, la sensación de carga para el entorno aumenta conforme los síntomas se agravan y, al mismo tiempo, la imposibilidad de poder poner remedio, hace que se dependa de dicho entorno, creando un bucle de enfermedad y cuidado/ evitación entre el paciente y las personas que le rodean.
Debido a la dificultad de gestión de los síntomas, la persona que padece este tipo de problemática necesita ayuda profesional de manera inmediata, poniendo el primer paso hacia una recuperación que, con paciencia y esfuerzo, acaba dando sus frutos. Solo/a no se puede, pide ayuda.
Ansiedad

“Concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”. Reinhold Niebuhr
La ansiedad es un estado del yo en principio natural, ya que la ansiedad de por sí no es mala. Podríamos definirla como un estado de alarma que me permite tener la suficiente activación como para crear diferentes estrategias y resolver el problema o amenaza que tengo delante. Pero, ¿Qué ocurre cuando el problema no existe o no depende de mí?
La preocupación como proceso, tiene un componente beneficioso, ya que, al preocuparnos, dirigimos nuestros recursos hacia una solución, sin embargo, esto sólo es eficaz si la solución depende de nosotros o es aplicable a corto plazo. De no ser así, la preocupación pierde su utilidad.
Llegado el momento, la preocupación y la ansiedad como tal comienza a ser un problema consciente e intentamos dejar de pensar, pero esto tampoco es posible ya que no podemos dejar de pensar en eso que nos preocupa porque queremos solucionarlo, entrando así en un bucle interminable. Por supuesto, esto sucede sobre todo por la noche, cuando carecemos de cualquier tipo de distracción cotidiana y la cabeza comienza a rumiar sola hasta el agotamiento mental.
Dependencia

Hasta que punto el «querer tener pareja» es bueno, si es o no un tipo de dependencia emocional y si lo es, como se puede gestionar. Pero… ¿Para qué quieres tener pareja?
No creo que «querer tener pareja» sea malo. Es más, creo que, si es un deseo o necesidad, negarlo nos convierte en alguien hambriento de amor que acaba eligiendo de manera torpe y ansiosa. Es como querer comer y evitar comer para dejar de tener hambre, no solo no lo evitas, sino que acrecientas la necesidad, acabando con el primer filete pocho que te sacie.
«Me siento vacío/a… es como una compulsión que me lleva a consumir cosas, como una bañera que no para de tragar agua, nada me satisface… entonces conozco a esa persona y de alguna forma lo que siento por él/ella hace que esa angustia se calme, es el tapón que me permite volver a llenarme y sentirme completo/a de nuevo.»
Todos tenemos un concepto de lo que es una pareja, por tanto, tenemos también una expectativa (normalmente inconsciente) de lo que el otro/a y la relación me van a aportar. Una posibilidad puede ser un vacío existencial.
Es como si mi amigo me diera un bofetón y mi pareja me tuviera que pedir perdón. El mundo me trata mal y el mundo me lo tiene que compensar, pero la realidad es que mientras espero, soy yo la persona que se hunde en su propia historia de vida. No eres culpable, pero si responsable. Te mereces tener una pareja de igual a igual y no un psicólogo/a que te tenga que sostener, al igual que el otro se merece tenerte a ti como persona y no como paciente. Por supuesto, no tienes que hacer esto solo/a, si realmente necesitas ayuda, pídela, pero a la persona adecuada, en este caso, un profesional de la salud mental.
Autoestima

La autoestima es uno de los conceptos más buscados y anhelados por la sociedad actual. Todos deseamos tener “alta autoestima” y para cualquier tipo de sufrimiento y dificultad, más si tiene que ver en lo que a la relación con los otros respecta, decimos que hay “baja autoestima”. ¿Pero qué es la autoestima?
Este concepto viene a definir el valor que creemos tener respecto al conjunto de sentimientos, pensamientos, valores o características físicas que tenemos sobre nosotros mismos. El problema es que intentamos tener alta autoestima sin saber que deberíamos valorar. Nos preocupamos en eliminar la sensación de angustia, no en descubrir y valorar lo que somos o hacemos, ya que, lo primero es inmediato, lo segundo es un proceso que requiere tiempo, paciencia y sobretodo, aceptación de aquellas cosas de nosotros mismos que nos cuesta soportar. Como dijo Carl Rogers, la curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar”. Lo mismo pasa con la autoestima, para poder cambiar, primero necesitamos saber quienes somos y aceptar todas nuestras facetas, pues buenas o malas, en su conjunto, nos hacen a nosotros mismos.
Relacional

Nuestra primera relación social son nuestros padres. Tal como ellos se comportan con nosotros, nos hace entender cuán valiosos somos, si lo que hacemos está bien o mal, si somos o no queribles e incluso cómo uno debe comportarse con una pareja, ya que también son la primera pareja que observamos. Esto se constituye en esquemas de relación o lo que es lo mismo, conocimiento relacional implícito.
A medida que crecemos, estos esquemas se van modificando o no según lo que nos encontremos en el entorno, sin embargo, ya afectan a cómo nos comportamos con el resto de una forma u otra. Por ejemplo, una niña cuyo padre ha sido ausente o negligente física o emocionalmente, tendrá el abandono más presente, además de sufrir problemas de autoestima con mayor probabilidad ya que “si mi padre, aquel que me debería querer, no me quiere, es porque no soy lo suficientemente buena como para ser querida”.
Esta problemática se desarrollará o no en el tiempo dependiendo de las experiencias durante el resto de la infancia y adolescencia. Si la niña del ejemplo anterior tiene un entorno favorable, además de relaciones lo suficientemente sanas, esos miedos de base no serán expuestos o al menos no de manera patológica. Sin embargo, si las experiencias le dan la razón al miedo (rupturas traumáticas, infidelidades, etc.). Las secuelas del abandono estarán presentes en su vida constantemente.
Trauma

Más allá de tecnicismos, un trauma es un suceso que abruma, que por algún motivo no puedo gestionar y se apodera de mí, dejando una huella…un rastro en el lienzo de mi personalidad que influye en mi en mi forma de ver el mundo y comportarme a partir de ese momento.
Dicho esto, un trauma no es solo aquello provocado por un abuso físico o sexual, un robo, una guerra o un evento de alto impacto emocional. Existen pequeñas frases, conductas o pensamientos hacia nosotros/as que pueden tener el mismo impacto que un evento en concreto.
“Deja de preocuparte por tonterías, que siempre estás igual”
“tu hermana es la lista y tu la guapa”
Algo que poca gente conoce, un trauma puede ser aprendido. Cuando una figura de apego proyecta su propio miedo en mí para poder ayudar no sufrirlo, aprendo que eso me puede hacer daño y, por tanto, desarrollo un comportamiento fóbico similar a la persona que ha sufrido ese suceso. Miedo a ser abandonado, a no conseguir nada en la vida o desconfiar de todo aquel que se quiera acercar.
Algo importante en el tratamiento del trauma es la ley del silencio (no hablarlo para poder olvidarlo) y el perdón del otro, el cual a veces es incluso obligado desde la perspectiva social, haciendo más mal que bien. Todo esto se trabaja en terapia, pudiendo elaborar dicho suceso para que la persona consiga crear su propia narrativa y haciendo que el dolor de aquello que ocurrió, sea llevadero.
Pareja

“Amar a otro es participar activamente en su libertad, aunque esta un día no te incluya” Jorge Bucay
Los conflictos en la pareja forman parte de la vida de la misma, ya que hablamos de la unión de dos personas y, por tanto, la interacción de dos puntos de vista que en muchas ocasiones entrarán en conflicto. Sin embargo, en algunas ocasiones ese conflicto se enquista, dando lugar a verdaderos quebraderos de cabeza para las parejas que lo sufren y provocando un bucle que en muchas ocasiones acaba por matar la relación.
En terapia de pareja, lo primero que se trabaja es que ambos expongan su punto de vista respecto a los problemas en la relación. Para ello, las sesiones individuales iniciales son necesarias, pudiendo abrirse al terapeuta sin miedo a que la otra persona le juzgue.
Una vez comenzada la intervención, ambas personas ponen de su parte para una reconstrucción de la pareja o en su defecto una aceptación de la ruptura ya que el éxito de la terapia es que ambos acaben beneficiados, ya sea juntos o separados.
Adicciones

Nadie elige engancharse a una sustancia, no eres culpable pero sí responsable. Si eres consciente de tu propia agonía, pide ayuda, porque solo no puedes.
Las adicciones son un problema en auge en nuestra sociedad y no solo por el sufrimiento que generan, sino por el estigma ante la persona que las padece. Se les califica como viciosos/as, que lo hacen porque quieren y, por tanto, que en cualquier momento podrían dejar de hacerlo, solo es cuestión de “fuerza de voluntad”. Sin embargo, esto no es cierto.
Desde varias perspectivas, las adicciones se consideran enfermedades mentales, por tanto, es algo que va más allá de la voluntad de la persona. Nadie se levanta un día por la mañana queriendo engancharse a las drogas. En un principio, es algo recreativo, de ocio. El consumo viene por la sensación constante de control y un aumento gradual, además de tolerancia y uso como evitación de angustias, estrés o cualquier tipo de sufrimiento del día a día o la vida de la persona. Llegado el momento, no controlan el consumo, sino que el consumo les controla a ellos/as.
En este punto, entra uno de los factores más importante de las adicciones. La negación. La creencia de que el consumo se puede llegar a controlar, de que se puede consumir como una persona “normal”.
La persona entra en un bucle del que no sabe cómo ha entrado y desconoce cómo salir. Por esta razón, en terapia, más allá de dejar de consumir, se busca conocer qué consume la persona, cuál es el origen de su sufrimiento y, junto con la abstinencia, ayudarle a dejar de sobrevivir y empezar a vivir.
Estos son algunos de los temas por los que más se interesan mis pacientes. Si tienes dudas sobre tu caso en concreto, no dudes en ponerte en contacto.
